Cuando una comienza a deshumanizarse, a volverse insensible y a perder fácilmente la paciencia, por el strees, por la ansiedad, deteriorando así sus relaciones cotidianas y comienza a hundirse en el fango de la miseria humana... es recomendable que tenga una mascota.
Ese fue, a lo mejor, mi caso.
Pero no está demás señalar que, también en mi caso, comenzaba a darse en casa la proliferación de roedores con fatales intenciones.
Y eso no podía darse...
Fue así que mi prima Melisenda trajo a la casa un gatito raquítico, trinchudo y poco estético; y
bueno, al fin y al cabo era para "espantar" con su olor a las ratas y otras alimañas que comenzaban a invadir nuestra casa, y no estaba este gatito, de ninguna manera, de adorno o para decorar nuestros ambientes.
Pero la realidad fue otra...
Sensible como cualquier obrero del arte, me comencé a encariñar con ese pedacito de pelos y ronroneos, a soportar estoicamente sus mordidas, sus eventuales arañazos y sus felinas locuras... Era mi gatita, Tina, la michina... "michi, michi, michi..."
Pero, no todo se da como uno quisiera...
La gatita creció, comenzó a trepar los techos vecinos y fue en busca de su media mitad, de su gatito zandunguero/pelo en pecho y... en una u otra dolorosa sesión amorosa, el daddy yanquie de los techos la dejó inflada/preñada/embarazada/en cinta/en bolero... y...
me alegré de ello enormemente.
Me alegré porque cuando adolescente también tuve la grata experiencia de ver venir a este mundo a gatitos húmedos e inofensivos, recuerdos gratos que guardo en mi mente y que hoy en día, gracias a la tecnología, puedo perennizar en fotos o en videos... información que ahora comparto con todos ustedes.
Y ahí están... la travesura elevada al cubo con estos revoltosos felinos recorriendo toda la casa, peleándose con "toño" (mi perrito), subiéndose a la cama, mordiendo las zandalias, comiendo vorazmente sus alimento gatuno y atentando (con ello) cualquier economía...
pero dándole a la casa ese ambiente de vida, de naturaleza (mi madre dice que huele a zoológico), hasta de belleza al ver corretear a esas criaturitas inofensivas, tiernas, tímidas, de miradas profundas y cuerpecitos frágiles, que (muy a mi pesar) deberé compartir con ustedes.
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Así es. La idea de este espacio es para dar a conocer a estos pequeñines para que, al igual que sucedió conmigo, puedan cambiar ese espíritu empobrecido, enfermo, insensible que, muchas veces, todos tenemos. Aqui están ellos, pedacitos de vida que de hecho, darán más vida a algunas deterioradas vidas.
Si alguno de nuestros queridos lectores desea adoptar a uno de estos tres adorables angelitos, sólo tiene que comunicarse al siguiente correo: carma@peru.com, de esta manera hacemos las coordinaciones respectivas y formarán así parte de esta nueva familia, de seres sensibles, amantes de los gatos y de toda la humanidad.
¡¡¡Gracias!!!










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